Publicación
Pensar éticamente la ciencia
Resumen
85 Pensar éticamente la ciencia Ana María Checchetto a) Autonomía científica vs moralidad El nuevo siglo nos encuentra ante una situación de recelo, crítica y hasta rechazo hacia los resultados científico-tecnológicos. Lejos ha quedado el encanto que por la ciencia se vivía en los tiempos modernos cuando se creía que la ciencia era la herramienta de liberación del dolor humano y del sometimiento oscurantista y religioso a los que se debía someter toda práctica social. Atrás está quedando la creencia en los baluartes de neutralidad científica y de progreso hacia un mundo mejor que la ciencia enarbolara hasta el punto que se ha descargado sobre ella la entera responsabilidad de los impactos negativos de los resultados de sus investigaciones llegando a cuestionársele la autonomía que supo alcanzar. La ciencia y la tecnología, en su búsqueda de verdad y objetividad, apoyadas en una lógica rigurosa de la investigación, han pasado de lo racional a lo inhumano al eludir los planteos éticos sobre su responsabilidad que, paralelamente a su formidable producción técnica, deberían haber realizado los científicos. Fue la dura realidad de los acontecimientos irreversibles la que ha generado la ne- cesidad de debatir el tema pero, aunque en numerosas oportunidades los epistemólogos, filósofos, científicos y moralistas llegaron a preguntarse hasta qué punto el progreso cien- tífico ha beneficiado a la humanidad haciéndonos felices, muy pocos se han sentido responsables de descubrir y denunciar cuánto sufrimiento se podría haber evitado como consecuencia del progreso tecnológico.
Descripción
85 Pensar éticamente la ciencia Ana María Checchetto a) Autonomía científica vs moralidad El nuevo siglo nos encuentra ante una situación de recelo, crítica y hasta rechazo hacia los resultados científico-tecnológicos. Lejos ha quedado el encanto que por la ciencia se vivía en los tiempos modernos cuando se creía que la ciencia era la herramienta de liberación del dolor humano y del sometimiento oscurantista y religioso a los que se debía someter toda práctica social. Atrás está quedando la creencia en los baluartes de neutralidad científica y de progreso hacia un mundo mejor que la ciencia enarbolara hasta el punto que se ha descargado sobre ella la entera responsabilidad de los impactos negativos de los resultados de sus investigaciones llegando a cuestionársele la autonomía que supo alcanzar. La ciencia y la tecnología, en su búsqueda de verdad y objetividad, apoyadas en una lógica rigurosa de la investigación, han pasado de lo racional a lo inhumano al eludir los planteos éticos sobre su responsabilidad que, paralelamente a su formidable producción técnica, deberían haber realizado los científicos. Fue la dura realidad de los acontecimientos irreversibles la que ha generado la ne- cesidad de debatir el tema pero, aunque en numerosas oportunidades los epistemólogos, filósofos, científicos y moralistas llegaron a preguntarse hasta qué punto el progreso cien- tífico ha beneficiado a la humanidad haciéndonos felices, muy pocos se han sentido responsables de descubrir y denunciar cuánto sufrimiento se podría haber evitado como consecuencia del progreso tecnológico.

