Gestión del riesgo hídrico en las cuencas serranas y pedemontanas de climas semiáridos, Noroeste de San Luis, Argentina

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Facultad de Ciencias Naturales e I.M.L.

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Las localidades ubicadas sobre las márgenes de ríos del piedemonte de las sierras de la República Argentina, están expuestas a amenazas hidrometeorológicas como inundaciones, anegamientos, desbordes, avulsiones y reactivaciones de los paleocauces. Entre el 28 de febrero y el 01 de marzo de 2015, se registraron precipitaciones intensas en el norte de la Sierra de San Luis y dicha tormenta en una región caracterizada por un clima semiárido, desencadenó inundaciones fluviales y aluviales, así como numerosos y sincrónicos procesos de remoción en masa e inestabilidad de laderas que perjudicaron a las localidades pedemontanas de Quines, Luján, San Francisco del Monte de Oro y Leandro N. Alem. Como consecuencia, hubo miles de afectados sin servicios básicos, viviendas inundadas, pérdidas de bienes materiales, una víctima fatal y cientos de evacuados. Los estudios de peligrosidad emplean criterios geológico-geomorfológicos e históricos para identificar las geoformas fluviales y las superficies adyacentes que pueden verse afectados por crecidas extraordinarias de los cauces. Se generan mapas detallados de zonas de amenaza, ofreciendo información esencial en áreas donde los sistemas fluviales son efímeros o no se dispone de series históricas extensas de mediciones de caudal o precipitación. Así, proporcionan evidencias que enriquecen los métodos hidrometeorológicos e hidráulicos al identificar inundaciones que, en muchas ocasiones, no fueron registradas en los datos instrumentales disponibles. Considerando los escasos antecedentes de estudios de amenaza fluvio-aluvial en el piedemonte noroccidental de la sierra de San Luis, se realizó el estudio estadístico de datos de precipitaciones diarias de la estación del Servicio Meteorológico Nacional ubicada en el aeropuerto de la ciudad de San Luis. Dicha estación cuenta con la serie de datos diarios más extensa (70 años de mediciones), lo que permitió evaluar la excepcionalidad de la tormenta y calcular su período de retorno. Se analizaron datos de precipitación, humedad, temperatura y viento de las estaciones de series de menor longitud y más cercanas a la zona de estudio para conocer las condiciones climáticas previas a la tormenta, su intensidad y trayectoria. Para el estudio de la torrencialidad de ríos se obtuvo la morfometría de las cuencas hidrográficas, se realizó el mapeo histórico y geomorfológico de los cauces en el piedemonte y la llanura, se delimitaron las geoformas principales y se analizó su evolución mediante imágenes satelitales de diferentes fechas junto con ortofotos y modelos digitales de elevaciones (DEM) creados a partir de fotografías aéreas del año 1968. Se caracterizaron las geoformas a través de cartas geológicas y se realizaron mediciones a partir de hojas topográficas, DEM y estudios en campo. Se levantaron 10 perfiles estratigráficos en la sierra y el piedemonte, recolectando muestras y obteniendo 21 dataciones radiocarbónicas (14C) y por luminiscencia ópticamente estimulada (OSL), las mismas constituyen las primeras edades numéricas y la caracterización de las litofacies, que permitieron correlacionar las secuencias sedimentarias de ambos ambientes, proporcionando información sobre su evolución desde el Pleistoceno tardío tardío hasta la actualidad. Los resultados muestran que la precipitación ocurrida aquel día del año 2015 constituyó un evento hidroclimático extremo, con una recurrencia estimada de más de 500 años. Sin embargo, debido a la variabilidad inherente de los modelos probabilísticos utilizados y a la falta de estaciones meteorológicas con series de tiempo prolongadas, resulta difícil afirmar con certeza la recurrencia de dicho fenómeno. A pesar de ello, la magnitud e intensidad de esta tormenta no difiere significativamente de aquellas con períodos de recurrencia de 100 o 50 años. La trayectoria de la tormenta, combinada con la estructura y litología de la sierra, generó cerca de 1000 puntos de inicio de flujos de detritos, incrementando la amenaza de inundaciones. Por otro lado, los ríos y arroyos de la Sierra de San Luis desarrollan cuencas torrenciales de escasos kilómetros de superficie y pendientes abruptas cuando tienen sus nacientes en la pronunciada ladera occidental. Por el contrario, los ríos que nacen en la ladera oriental de pendientes suaves, desarrollan cuencas de mayor superficie y ríos con bajas pendientes que aumentan al descender por el frente montañoso. La peligrosidad de la vertiente occidental se asocia a la torrencialidad, dada por tiempos de concentración cortos (de una a dos horas), la pendiente de los ríos y los fenómenos de remoción en masa asociados a las laderas de pendiente alta. La amenaza de las cuencas mayores se vincula con su tamaño y su capacidad de recibir y canalizar el agua de las precipitaciones y en parte a los fenómenos de inestabilidad de laderas que ocurren cerca de la desembocadura. En el piedemonte, los ríos modelan sus valles entre secuencias aluviales y eólicas sobre las que se ubican las localidades. Estos depósitos son susceptibles de ser inundados y erosionados durante las crecidas, debido a que el cauce amplía sus márgenes laterales, arrastra bloques y árboles, reocupa paleocauces y deposita nuevos sedimentos. Los sistemas aluviales (abanicos y ríos) de climas semiáridos, suelen ser efímeros o con caudales intermitentes, produciendo descargas altas y repentinas durante la “época de lluvias”, mientras que permanecen inactivos la mayor parte del año, confiriéndole al sistema una marcada estacionalidad y, cuando pasan años sin crecidas, se genera el olvido en la población de la pertenencia al río de esos terrenos. La ocupación progresiva y desordenada de las localidades sobre las superficies asociadas a abanicos aluviales y/o márgenes fluviales que, en tiempos geológicos le corresponden al río, tiene consecuencias de pérdida de terrenos por erosión de márgenes, inundaciones repentinas e ingreso de barro, detritos, rocas, etc. a edificaciones. El criterio geomorfológico e histórico aporta la inclusión del tiempo geológico en la magnitud y frecuencia de los procesos fluvio-aluviales que son desencadenados ante una tormenta intensa o prolongada y constituye un paso fundamental para el diseño tanto de planes de ordenamiento territorial, como de actuación ante la emergencia para mitigar los riesgos de las localidades. La comunicación de esta información eficaz con responsables a nivel gubernamental, así como su difusión a la población afectada, contribuirá a reducir la vulnerabilidad y a establecer un ordenamiento territorial que considere, tanto los recursos del territorio, como los riesgos asociados con la vida en las zonas adyacentes a las sierras.

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